Mostrando entradas con la etiqueta Pueblos originarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pueblos originarios. Mostrar todas las entradas

Tejedoras

                                               Para Carmen, Lina, María, Noemí, Teresa, Dámaris, Fátima y Juana
las mujeres de mi casa nacen artesanas”
(Teresa Toribio)



Ellas saben de si
como el río de su cauce.
Ellas sienten sus manos
cuando húmedas de vida
indagan la fibra robusta.
Ellas distinguen
y caminan el monte,
reconocen
el íntimo secreto
de una anciana de mil años
que mil años antes escuchó
como se elige el chaguar.
Ellas saben de si
y sus manos vuelan de siesta.
En serena armonía
desmoronan el sentido
y generan un firme hilo.
Abren el color y sus dedos
impregnan de sol cada ovillo.
Ellas saben de si,
perciben el momento,
la  profunda emoción del telar.
Las manos danzan temprano,
apartan el patio sediento,
juegan los niños
con gatos, como niños.
Ellas saben de si,
conocen sus manos
(y la de sus ancestros),
abren cielo de rocío
conectan
cada hilo, cada tono.
Entre sonidos de vida,
entre susurros
relegados,
entre pájaros entusiasmados
la figura aparece,
la indivisible silueta
del arte de sus manos.
Ellas saben de si.
Ellas ríen de amor.


Alejandro Nevio Lemos 
 

Chokok (Mariposa)

A mitad del río,
a unas brazadas de aire
dentro del monte,
está la otra lluvia.
Un charco esperanzado
por llamarse estero,
intrincados senderos con huellas
plantadas en milenios
entre tantos.
Los sonidos zumban el tímpano,
parches aguijoneados
como puntas
dulces.
Oscilaciones de abeja,
un murmullo perpetuo,
una secuencia simétrica,
la inequívoca forma para descubrir
el peligro en la espalda
o la miel en un árbol.
Con la luna de lluvia
incómoda
entre leyendas de niños,
en esa noche tarde,
en ese mundo perfecto
completo,
apareció una bella y trasnochada
Katunaj
y bebió de esa luna ambarina,
y deslumbró la opacidad
entre aleteos de mariposa
con  millones de ojos para ver
y vestirse
con su propia seda
amarillenta.

Alejandro Nevio Lemos

Libre de virus. www.avast.com

En el agua bajo del cielo

En el agua bajo del cielo,
en una boca llena de agua,
el hombre iba descalzo
al borde del río.
El agua sólo decía: agua.
El agua bajaba en agüita,
y se mezclaba en algarrobo
en el monte con agua,
con la piel morena del hombre.
El agua brillaba en la costa,
milenios de lluvias.
entre personas.
Un blanco,
un inmenso punto blanco.
De allí salió el disparo
y colmó de gotas el agua
lágrimas
todo era agua
que no se movía y calaba.
En la noche el agua
encharcaba la tierra
como barro de agua,
como el río de agua.
Un tronco flotaba en el agua,
un tronco bañado de agua,
con un río lleno de hombres
como un río mojado de agua,
un tronco de hombre en el agua.
En la espalda de corteza
de hombre,
el agua brillaba
en hojas de cabellera.
El tronco flotaba impregnado,  
de noche el brillo
del agua en el hombre.
La boca llena de agua,
la boca miraba el agua
inanimada,
las piernas dos ramas fuertes
hundidas,
empapadas con agua.
El tronco seguía
el camino del agua,
el blanco,
el punto blanco,
miraba indiferente.
Solo agua.

Alejandro Nevio Lemos
4 de Julio de 2016

Libre de virus. www.avast.com

El bosque



Reflexiones de un Wichí

Conozco mi bosque. Lo conozco perfectamente.
Sé dónde encontrar el agua, dónde y cuándo aparece la miel en un tronco abierto. Sé cómo caminar de día y dormir en la noche.
Reconozco los animales, los sonidos sugestivos y los colores de la espesura.
Mi bosque es mi hogar. Vivo en él y nos necesitamos mutuamente.
Desde hace miles de años que conocemos el bosque y sobrevivimos con él; entre el agua, el sol y la tierra.
Las lunas tienen nombres que le pusieron mis ancestros. Somos parte de la naturaleza y nos respetamos mutuamente con todos los que la habitan.
Conozco algo de tu bosque. Conozco ciertas normas y entramados de tu bosque.
Sé que si entro a una farmacia retiro un número y espero. Sé que le entrego un papel que me dio el médico y luego de pagar con tu dinero, me  entregan un medicamento. Lo sé.
Apenas conozco algunos rituales de tu bosque y por lo tanto, apenas puedo sobrevivir en tu bosque.
Me gustaría que conozcas más a mi bosque, quizás tanto como conozco el tuyo.
Eso es solo un gusto, que conozcas mi bosque no resuelve el problema.
El problema es que mi bosque se reduce, cada día merma su tamaño y no entrega todo lo que necesitamos.
También observo que tu bosque, tan distinto al mío, tampoco alcanza para todo lo que estás necesitando.
Tu bosque cambia tanto como el mío. Ambos sentimos que nuestros bosques ya no son lo mismo.
Posiblemente sea por esto que quiero que conozcas mi bosque, para encontrar puntos de confianza en lo que ambos necesitamos. Un idioma común, un sentido a la tierra que se  desgasta, un respeto normal entre personas que habitan distintos bosques.

Alejandro Nevio Lemos
27 de Febrero de 2016 


La presencia de los Misioneros Pasionistas junto a los Pueblos Originarios

Un delicado tejido de vida, un sereno acompañamiento a los crucificados de hoy y el amor que brota de este apasionado Jesús de Nazaret.

 Hay un río al norte de Argentina. Un río de confluencia entre pueblos originarios, fronteras, criollos y Misioneros Pasionistas. El río Pilcomayo, que en su toponimia del Quechua va inundando el cielo con coros y sonidos al llamarse Río de los Pájaros, nace en el altiplano de Bolivia, y es frontera natural de Argentina y Paraguay, abriendo un espacio de conexión y vecindad en toda vida que lo habita. En gran parte de esta cuenca se reunieron hace más de 5.000 años pueblos provenientes de distintas partes de América, aprovechando los bañados, lagunas y esteros que forma el río en su recorrido, encharcando la selva llamada El Impenetrable que provee alimentos y cubre las necesidades de estos pueblos milenarios. Un delicado equilibrio se fue gestando entre El Impenetrable, el Pilcomayo, ese río indómito, y los pueblos que a sus orillas fueron trazando signos de vida y respeto con la naturaleza. Esa fina y considerada armonía, esa íntima relación entre partes está fundada en la tierra, como madre protectora, como madre receptiva de vida, de cantos y colores, de sigilos de agua y de miradas entrelazadas. Hoy encontramos poblaciones Wichí, Qom, Pilagá y Nivaclé en distintas localidades de la provincia de Formosa, por donde transita inseparable de su tierra y de su gente este río de llanura. En 1972 avanzó hacia el oeste de la provincia de Formosa el P. Francisco Nazar para llegar al Impenetrable, desde ese momento se enamoró de esas tierras y generó tejido apasionado que hoy sigue acompañando como vicario del Equipo Diocesano de los Pueblos Aborígenes en Formosa. Allí se instaló y desde Ingeniero Juárez se abrió a los corazones la Misión de estos hermanos. Abarca un poco más de 20.000 km2 de tierras boscosas muy áridas y con temperaturas muy altas en verano. Esta tierra está habitada por distintos pueblos indígenas que moran estas heredades ancestrales y por criollos que fueron avanzando hacia El Impenetrable. Juntos comparten la vida cotidiana. Una multiplicidad de culturas, varios paradigmas distintos cada uno con sus valores y tradiciones que una vez más limitan y conviven desde hace muchísimo tiempo. Desde aquel inicio en Ingeniero Juárez los Pasionistas fueron sembrando vida con la inacabable idea de ayudar a los más necesitados. Esta misión se abre en una forma sencilla en el compartir, servicial para con los hermanos y hermanas, y fraterna en el acompañamiento en pueblitos, parajes y escuelas del monte. Como el Peregrino de Emaús, esta pastoral intenta acompañar el camino en una amorosa reciprocidad, la vida de los discípulos. Una relación de espejos donde se reflejan unos en los otros. En ese andar, se acercan amigablemente a las personas que viven tan aisladas. Es interesarse en ellos y con ellos, servir el mate y dialogar en ronda y mirar tan profundo que es cielo el silencio. De esta manera participan la Palabra de Dios y son testigos de la gratuidad del amor. Tan natural es significar el pan en la mesa de la familia, la mesa de la vida y la mesa del apasionado Jesús de Nazaret. Desde la calidez de la llegada, la hospitalidad del encuentro y la generosidad en el compartir. Así transitan esas tierras de río y selva los Misioneros Pasionistas, en la creencia de salvar la Tierra: nuestra Casa Común. “La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Creación. Somos co-responsables de su salud”. En los últimos años se fueron produciendo desacuerdos entre las autoridades locales y los Pueblos nativos. Se abrió una brecha que marcó grandes diferencias entre algunas personas ligadas a distintos tipos de poder y las comunidades originarias. Esto creó una asimetría injustificada y los dejó en una situación delicada de vulnerabilidad. Los nativos, que como está dicho, viven en esas tierras desde miles de años, fueron corridos y expulsados a otras tierras, lejos del agua, lejos de su monte y lejos de los espíritus de sus ancestros. Estas condiciones los dejó aislados y con poco o escaso movimiento para su supervivencia. Una inesperada situación de pobreza que dejó a hombres y mujeres afrontando de pie esta adversidad. Las mujeres se abren admirablemente en su condición como continuadoras en el ciclo de vida, criando a los hijos, manteniendo los quehaceres y marchando codo a codo entre los hombres en lucha por sus derechos. Durante largo tiempo han intentado tener un marco comunicacional con las autoridades y la respuesta pasó del silencio a la violencia en muchas ocasiones. Paralelamente se fue creando una conciencia de Pueblos Originarios, un estar pacífico de estas personas frente al atropello, sin abandonar los reclamos por sus territorios. Una figura fue creciendo dentro del pueblo Qom, en la comunidad Potae Napocna Navogoh (La Primavera), una persona que recibió el mandato del Consejo de Ancianos como vocero, para pedir y reclamar por sus derechos. Félix Díaz es el Qarashe del pueblo Qom y a la fecha ha realizado innumerables acciones dentro y fuera del país, como el haber estado en el año 2013 en una entrevista privada con el Papa Francisco, junto a su esposa Amanda Asijak, el premio Nobel de la Paz: Adolfo Pérez Esquivel y Francisco Nazar. El pedido está basado en la devolución de las tierras, un trato igualitario y el fin de las situaciones de violencia. Una definitiva propuesta de igualdad entre lo indígena y lo criollo. “Nos piden los títulos de propiedad de las tierras y nosotros nos preguntamos como podemos tener propiedad de nuestra madre”. Como forma de vislumbrar el conflicto, en el año 2011 un gran número de personas provenientes de distintos pueblos indígenas de Formosa, llegaron a la Ciudad de Buenos Aires para instalarse en un acampe en pleno centro de la capital. De esta manera intentaron hacer visible lo invisible y así pedir a las autoridades nacionales que intercedan y participen de una solución que no era dada por la provincia de Formosa. Pasaron cinco meses de reclamo pacífico, hasta que fueron desalojados violentamente por la Gendarmería y llevados forzosamente a sus pueblos, con más dolor en sus corazones. En el año 2015, agotadas una vez más, todas las posibilidades de diálogo con las autoridades provinciales, y frente a una escalada de violencia que dejó indígenas muertos solo por reclamar, establecieron un nuevo acampe en la Avenida 9 de julio, a metros del Obelisco. Unas cien personas provenientes de las comunidades Qom, Pilagá, Wichí y Nivaclé, afirmaron su presencia como grupo peticionante con el nombre QOPIWINI, una muestra de unión con las primeras letras de cada pueblo entrelazadas en un solo nombre. A los cinco meses de espera sin respuestas, a las puertas de la indiferencia de los gobernantes, luego de marchas y movimientos para mostrar tanta apatía, QOPIWINI tomó otra vez la iniciativa, y junto con otros pueblos originarios organizaron la Primer Cumbre Indígena de Argentina. Cerca de 80 Caciques de distintas partes del país, deliberaron en asamblea para unir esfuerzos en la lucha por la tierra. Una vez más, los Misioneros Pasionistas acompañaron este paso histórico y abrieron las puertas de la Casa Nazaret dentro de la Manzana Santa Cruz en la Ciudad de Buenos Aires. Así, en comunión con las opciones de Jesús, los Pasionistas ponen en un lugar preferencial a los Crucificados de Hoy. Con ellos, en una relación de reciprocidad, se hacen sujetos de esta historia para seguir expandiendo la vida. Durante más de 40 años los Peregrinos Pasionistas han estado y seguirán estando junto a estos pueblos, acompañando donde sea, la necesidad de sus tierras que para ellos es vida. A la búsqueda de soluciones apacibles y al amor de este apasionado Jesús de Nazaret que nos une en la Cruz. Comparto este relato como testigo junto a mi esposa, Gabriela Cartasso, de estos ocho meses de permanencia del Acampe QOPIWINI y de todas sus desventuras. En este tiempo hemos vivido su desarraigo, el temor de vivir en la calle, las enfermedades adquiridas y el incesante ruido de esta ciudad. Allí en el acampe hay pueblos de pie, con la mirada puesta en las autoridades Nacionales y provinciales, sosteniendo este inmenso esfuerzo con una dignidad que emociona. Como arte y parte de la comunidad de la Manzana Santa Cruz, estamos y seguiremos estando junto a estas sencillas personas.

 Alejandro Nevio Lemos
(fotos de Reynaldo Ortega, Adolfo Pérez Esquivel, Francisco Murray C.P.)
 

Qom es persona

Qom es persona. Así como "Che" es persona  para nuestros hermanos Mapuches.  Los hermanos Qom se han instalado en esta ciudad de Buenos Aires, siempre tan lejana, siempre tan poderosa, para hacer visible lo invisible y mostrar la sencillez de ser persona.
Tanta humanidad pidiendo solo que los mires como Qom, como personas que abrigaron estas tierras y durante miles de años han convivido como pares con la naturaleza y otras personas, otros hermanos que constituyen los pueblos originarios.
Hoy estas personas, insisten en abrir una ventana de vida para mostrar a todos los que elijan ver, tantas necesidades insatisfechas, tanta diferencia notoria, y tanto silencio  recargado.
Ojalá puedas acercarte a el acampe que están realizando en Avenida de Mayo y 9 de Julio. Ojalá puedas sentarte a charlar de persona a persona  y de esa manera entrar en el universo que los rodea.
Ojalá llegues aún más profundo y cuando compartas entre personas, los corazones se encuentren. Porque cuando dos corazones se encuentran es que está muy cerca el acuerdo.

Alejandro Nevio Lemos



El Che es persona




Me gustaría en este día, hablar del “Che”.
Me temo que no será la persona que caminó gran parte de Latinoamérica. Sino del che, una palabra de nuestros pueblos originarios y que hasta la fecha es usada coloquialmente y en diversas palabras de nuestro léxico.

La Constitución Nacional en aymara



La constitución nacional, aquella que en 1816 apareció como el primer intento de unión, y   los congresales  escribieron un acta primordial, para proclamarnos una nación libre. Esta declaración de la independencia, fue redactada en tres idiomas: castellano, quechua y aymara.
El objetivo de esta impresión del documento fundacional de nuestro país en estas lenguas, radicó en la imperiosa necesidad de comunicar a la población de forma efectiva y rápida la novedad.